Silvestre Soria: el gran maestro del Siglo de las Luces en la Navarra del Barroco
12/05/2026
Silvestre Soria fue una de las personalidades artísticas más relevantes de la Navarra del siglo XVIII. Nacido en Sesma en 1715 y formado en Madrid, se convirtió en el principal retablista, dibujante y adornista activo en Pamplona en torno a 1760, introduciendo las corrientes más avanzadas del Barroco tardío y del gusto rococó con una obra de extraordinaria calidad técnica y refinamiento estético.
Huérfano de madre desde niño, Soria se trasladó a Madrid, donde se formó en el nuevo palacio real de los Borbones, trabajando a las órdenes del escultor Giovanni Domenico Olivieri. Allí participó como tallista y adornista en la ejecución de escudos, capiteles y elementos ornamentales, colaborando con otros destacados artistas y adquiriendo una sólida formación en los repertorios decorativos más modernos del momento.
En 1759 regresó definitivamente a Navarra y se estableció en Pamplona, desde donde desarrolló una intensa actividad profesional. Aunque tuvo que examinarse formalmente como carpintero y ensamblador para poder abrir taller, su prestigio fue inmediato. Durante la década de los sesenta del siglo XVIII se convirtió en el artista más solicitado de la capital navarra, trabajando para una clientela de primer nivel, tanto eclesiástica como civil.
Entre sus obras más destacadas se encuentran los retablos de Azpilcueta, Goizueta, Elizondo, Lecároz y, especialmente, los delicados conjuntos de la basílica de San Gregorio Ostiense. A ello se suman importantes proyectos decorativos para la catedral de Pamplona, como la sacristía rococó, la sala capitular, el trascoro o la estantería de la biblioteca, donde demostró un dominio excepcional del lenguaje ornamental y de la composición arquitectónica.
Silvestre Soria destacó también como dibujante. Realizó planos y alzados, como los del santuario de San Miguel de Aralar, publicados posteriormente, y colaboró con grabadores y pintores en proyectos editoriales y devocionales. Asimismo, dejó una profunda huella en el campo de la arquitectura efímera, especialmente con el monumental altar diseñado para las celebraciones religiosas de 1768 en Pamplona, considerado una invención sin precedentes en Navarra.
Falleció prematuramente en Pamplona en 1768, a los cincuenta y tres años, y fue enterrado en su localidad natal de Sesma. Su obra, repartida por Navarra y otros territorios como Vizcaya, lo consagra como una figura clave del arte navarro del Siglo de las Luces, capaz de combinar imaginación, técnica y modernidad en uno de los momentos más brillantes de la creación artística foral.